lunes 9 de marzo de 2009

No caer sobre las espaldas del ciudadano.

Roberto Lavagna (*)

www.consejouna.com.ar

 

Las cabezas del gobierno se ofuscan, se irritan frente a las sugerencias o recomendaciones que algunos hemos dado a la gente, a los ciudadanos, al pueblo, sobre cómo reaccionar frente a la crisis en que nos encontramos.

 

No les gusta escuchar que se recomiende tener cuidado con el gasto familiar; eliminar gasto superfluo; evitar en lo posible  endeudarse; cuidarse en el gasto y, sobre todo, del crédito que se consigue vía las tarjetas -que es caro, carísimo-; posponer gastos en equipamiento para dar prioridad a la alimentación, la educación y la salud; prestar mucha atención tanto en el caso de los alquileres como en el de los créditos en general a la relación entre la suma fija o la cuota mensual y el salario; tener cuidado con las cuotas fijas mensuales en concepto de prepagas de salud, escuelas, cable, banda ancha o las cuotas de los clubes, solo por citar algunos ejemplos.

 

No les gusta que se advierta a la gente que hay riesgos de desempleo, sub-empleo, de menos horas trabajadas y de menores salarios reales.  

 

No les gusta que se les diga a las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES), que son las grandes creadoras de empleo, que es conveniente cuidar sus recursos humanos aun al costo de limitarse en la nueva inversión.

 

No les gusta porque el gobierno quiere que gastemos, que invirtamos.  Quiere que sean los ciudadanos los que le saquen las papas del fuego.  

 

Pero también quiere –todo al mismo tiempo- que paguemos más impuestos nacionales, provinciales y municipales, más tarifas de gas, luz y transporte.  En definitiva, quiere que evitemos que la recesión, que ya está instalada, avance y que, además, cubramos las cuentas públicas.

 

Quieren, en definitiva, que los ciudadanos corramos los riesgos para cubrir los errores, graves, que el gobierno ha cometido en todo el infinito período pre electoral, desde mediados del 2006 en adelante.  Si no hubiera sido por estos errores, muchos de ellos claramente demagógicos, decisiones de patas cortas, el gobierno debería estar hoy compensando la lógica retracción privada del gasto ante el menor nivel de actividad, de empleo y por tanto del poder de compra de la población.

 

Hoy el gobierno debería estar haciendo lo que se llama política contra cíclica, anti-crisis, como lo están haciendo otros países en el mundo.  Algunos, los que tienen crédito ilimitado como Estados Unidos o países de Europa Occidental, aceptando transitoriamente déficit de las cuentas públicas y asumiendo mayor deuda.  

Otros, como Chile o países en desarrollo que no tienen esa facilidad de endeudarse barato de manera indefinida, usando sus propios recursos.  Los recursos que acumularon en los momentos de bonanza de alta actividad económica. Los que hicieron como la hormiga, los que ahorraron, no los que hicieron como nuestro gobierno, como la cigarra, pensar sólo en el interés de corto plazo.

 

En lugar de hacer lo que hoy debería hacer, dejaron que la inflación se comiera parte de los ingresos de la población, se quedaron con los ahorros de los jubilados, y ahora que hay dos millones de pobres mas -tarde, muy tarde- sacan subsidios y suben tarifas de gas, luz, transportes aun para los que merecen una tarifa social. 

 

Ahora suben los impuestos, tasas y contribuciones y su ejemplo lo toman gobiernos provinciales y municipios.   

 

Ahora quieren que sean los ciudadanos, cada uno de nosotros los que corramos el riesgo de gastar, de endeudarnos y de paso de llenar la "caja pública".

 

Los micro-planes para autos, los calefones, las cocinas, las bicicletas, mas anunciados que cumplidos, no alcanzan a disimular que ahora el Estado está sacando más plata que la que está poniendo y que actúa así porque perdió toda posibilidad de crédito y porque no usó los momentos de alta actividad para ahorrar recursos. 

 

Chile, que lanzó un fondo anti-crisis un mes después que lo hiciéramos acá a fines del 2005 juntó más de 20.000 millones de dólares y hoy está pudiendo hacer una política de freno a la caída de la actividad que los resguarda en buena medida del golpe mundial.  Nuestro gobierno no.   Empezó ya en el 2006 la fiesta pre-electoral y se olvido del fondo anticrisis.   Se gastó todo y ahora la pide a la gente común que actúe contra sus intereses y le cubra las espaldas.

 

Lograr el equilibrio entre el interés individual y el interés general, no pasa ciertamente por encerrarnos en nuestra individualidad.  Si actuáramos así agravaríamos la situación.  Pero tampoco pasa por hacernos cargo de la situación ante una administración que tiene conductas, económico-sociales,  políticas institucionales de acumulación de poder y una acción ante el mundo  exterior,  que puede transformar en inútiles todos los esfuerzos que cada ciudadano pueda hacer.   

 

Para que todos corramos riesgos, para salir de la crisis juntos, solidariamente, como lo hicimos entre todos en el 2002, el primero que debe olvidarse de disimular sus errores, el primero que debe aceptar que tiene que rectificarse, que no puede pensar solamente en cómo se mantiene en el poder, es el propio gobierno.  Hasta que esto ocurra mejor que cada uno sea prudente, responsable, y no deje que el gobierno le cargue sobre sus espaldas el costo de las fallas de quienes tenían la obligación de conducir mirando el futuro y no lo hicieron, ni lo están haciendo.

 

FEBRERO 26, 2009



(*)         Ex ministro de economia y Producción y ex candidato presidencial.

 

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